martes, 6 de julio de 2010

¿Por qué comernos cuatro pepas?

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En una nota exclusiva para "Maleducando al Vecino", Ibrahinicov Sanchez Larreta, el intelectual mas sanatero del mundo, nos ofrece un análisis profundo acerca del mundial de fútbol Sudáfrica 2010 y el desempeño del seleccionado argentino en el mismo:

Por Ibrahinicov Sanchez Larreta.

Ante la estrepitosa y épica derrota del seleccionado argentino que participaba del Mundial de Fútbol de Sudáfrica 2010 se desprende el siguiente análisis socio-político y cultural de los hechos que nos afectan en lo más profundo de nuestra línea de cuatro emocional y nos desnuda en un orsai que seguramente calará hondo en la psiquis de quienes amamos este deporte hidalgo y bondadoso.


Se cae de maduro (desde un punto de vista lacaniano) el durazno que ya no sangra en el vestuario del equipo local, y como consecuencia de ello aparece en escena, como en el teatro negro de Praga, el ensordecedor, pero a la vez excitante, sonido de la vuvuzela.

Estas encantadoras melodías sudafricanas tienen su origen en el periodo del primer bicentenario de la creación del centro cultural contra el racismo, durante un invierno crudo y repleto de canibalismo esotérico atravesado por el mercadeo marcopolico de creciente auge en las costas del continente de color.

Desde allí surge la pregunta: ¿Por qué comernos cuatro pepas?

Queda al alcance de todos los sobrenombres paranormales el difícil relato de los acontecimientos mundiales mas fabulosos dentro del verde casi césped de la conciencia humana y bobina que tiende a sucumbir ante lo maquiavelico de los poderes de una simple gambeta bien ejecutada en una baldosa brillante a la que le acaban de pasar el trapo con ese desinfectante de la vida que corrompe la táctica y la estrategia del   más guapo ser celestial vistiendo, obviamente, la casaca de la Republica Oriental del Uruguay.

Pero sin ánimos de seguir teniéndola adentro y con la seguridad de que ha quedado mas que claro, estamos afuera, nos volvimos a casa en un andar sin escalas dentro del juego de nuestras estrellas sin luz propia, pero con una desesperación adultera que ni el mas cuerdo de los internos de este mundo patético y singular se animaría a explorar.

La majestuosidad de los estadios en su más minimalista presentación como alfajores de rutina ovalados, nos muestra un continente en vías ferroviarias de extinción, desde lo social, lo cultural, lo político, lo futbolístico, lo estadístico, lo aromático, lo cósmico y lo lumínico, por eso cabe resaltar la importancia, desde un punto de vista pasmanico y clownesco, de esta derrota sin igual ante un rival que en lo anímico cuestiono todo lo posible y contragolpeo causando una metida en el upite de todas las banderas, cornetas, binchitas, gorros y garrapiñadas de un país entero embriagado por el sudor de la camiseta de Mascherano.

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